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Funmúsica lleva ayuda hasta El Pajar, la vereda que el terremoto olvidó

Mientras las cámaras se alejan de las zonas golpeadas por el sismo del 10 de agosto, la Fundación Pro Música Nacional de Ginebra - organizadora del Festival Mono Núñez - movilizó a su comunidad para socorrer a una apartada vereda de Dagua. La campaña sigue abierta y necesita más manos.

Funmúsica extiende su ayuda a cuatro veredas golpeadas por el terremoto

La Fundación Pro Música Nacional de Ginebra, organizadora del Festival Mono Núñez, movilizó a sus directivos, socios y amigos para auxiliar a familias de varias comunidades rurales del Valle del Cauca severamente golpeadas por el terremoto del 10 de agosto. La campaña sigue abierta y la organización pide que los colombianos sigan aportando.

Hay lugares donde la tragedia tarda más en llegar a las noticias. No porque el golpe haya sido más leve, sino porque quedan lejos de las cámaras, de las carreteras principales y de los centros urbanos desde donde solemos contar el país.

Uno de esos lugares es El Pajar, una vereda del corregimiento de San Vicente, en el municipio de Dagua, Valle del Cauca. Está encaramada en las estribaciones de la Cordillera Occidental, y llegar hasta allí ya es, de por sí, una tarea difícil.

Hasta ese rincón también llegó el terremoto del 10 de agosto. Y llegó con violencia.

Según la información recogida por quienes acompañan a la comunidad, el sismo afectó a casi todo el pequeño asentamiento. Muchas familias perdieron buena parte de sus viviendas y sus pertenencias, y ahora enfrentan el largo camino de reconstruir su casa y su rutina diaria.

El video que acompaña la campaña muestra parte de esa realidad: ayudas que se cargan y se transportan, y viviendas humildes cuyas paredes todavía llevan las cicatrices del temblor. Detrás de la convocatoria hay una comunidad concreta, no solo una causa.

La música decidió no quedarse mirando

La respuesta salió de un lugar que parece lejano a una emergencia sísmica: la música colombiana.

Funmúsica, la institución que organiza el Festival de Música Andina Colombiana Mono Núñez, convocó a su Junta Directiva, a sus socios y a sus amigos para armar una brigada solidaria. La entidad sigue encabezada por su presidente ejecutivo, Bernardo Mejía Tascón.

El Festival Mono Núñez, que se realiza en Ginebra, es desde hace décadas uno de los grandes puntos de encuentro para intérpretes, compositores y cultores de la música andina colombiana. Esta vez, sin embargo, los tiples, las bandolas y las guitarras cedieron su espacio a otra tarea: había que ayudar.

Y había, además, una razón muy cercana para mirar hacia El Pajar. Allí vive Marlín Yurani González, integrante del Cuarteto Vocal de la Escuela de Música del Chicoral. Su presencia hizo que esa vereda perdida entre montañas dejara de ser un punto lejano en un mapa: allí estaba una de las voces de la gran familia que se ha ido formando alrededor de la música tradicional del país.

Pero la campaña no se pensó solo para una persona, ni para una sola vereda. Funmúsica decidió mirar más allá.

Cuatro comunidades, una misma brigada

Con el paso de los días, la ayuda de Funmúsica fue creciendo en geografía. A El Pajar se sumaron otros tres puntos golpeados por el terremoto: la Fundación Casita del Bosque, sobre la vía que conduce a Dagua; La Paz, en las laderas cercanasa Cali; y Las Delicias, en el municipio de Yotoco.

Son nombres que rara vez aparecen en un noticiero, pero que hoy comparten la misma urgencia: familias sin techo seguro, colchones bajo escombros y noches que hay que resolver de alguna manera. La convocatoria de Funmúsica lo explica con claridad: el propósito es concentrar esfuerzos en poblaciones rurales que, por estar lejos de los grandes centros urbanos, suelen quedar mucho menos visibles cuando ocurre una emergencia.

Dormir después del terremoto

La primera etapa de la ayuda apuntó a algo elemental, pero decisivo para quien acaba de perder su casa: poder pasar la noche.

Funmúsica empezó a reunir y entregar los llamados «kits de noche», con colchonetas, cobijas y utensilios para comer, y los llevó tanto a El Pajar como a Casita del Bosque, La Paz y Las Delicias. Puede sonar poco desde la comodidad de una vivienda intacta. Pero para una familia que descubre que su dormitorio ya no es seguro, que parte de sus cosas quedó bajo escombros o que debe improvisar dónde dormir, una colchoneta y una cobija significan otra cosa. Son el comienzo.

Después vendrán los materiales, los techos, las paredes, y una reconstrucción que tomará mucho más tiempo que la emergencia inmediata. Y ahí está uno de los problemas que enfrentan comunidades como estas: cuando pasan los primeros días, bajan las noticias, se retiran las cámaras y la atención pública se dirige, inevitablemente, hacia otro lado. Pero quienes perdieron su vivienda siguen sin vivienda, ya sea en Dagua o en Yotoco.

Una tragedia detrás de las montañas

La ubicación de estas comunidades complica cualquier operación de ayuda. El corregimiento de San Vicente, donde queda El Pajar, pertenece a Dagua, sobre el corredor occidental del Valle del Cauca hacia Buenaventura; Casita del Bosque comparte esa misma vía; y Las Delicias, ya en Yotoco, agrega otro tramo de camino a la logística. Todo es relieve abrupto y comunidades dispersas. Eso significa que cada colchón, cada cobija, cada utensilio y cada material de construcción cuesta más tiempo y más esfuerzo llevarlo hasta allí.

Por eso mismo, la decisión de Funmúsica tiene un valor extra: pone el foco donde normalmente hay menos foco. La institución lo resume en una frase de su campaña: «No podemos permanecer indiferentes».

Y ahí, probablemente, está la parte más importante de esta historia. Durante más de medio siglo, alrededor del Festival Mono Núñez se construyó una enorme comunidad de músicos, intérpretes, compositores y gestores culturales. Esta vez esa red fue convocada no para escuchar un bambuco ni aplaudir un pasillo, sino para ayudar a levantar de nuevo las casas de unos colombianos que viven lejos de los escenarios, ya sea en la vía a Dagua o en las laderas de Yotoco.

La campaña sigue abierta

Funmúsica mantiene la convocatoria activa y pide que quienes puedan, sigan sumándose. Según la información publicada por la Fundación, los aportes pueden hacerse a nombre de Funmúsica, NIT 891.301.617-9, a través de:

Banco de Bogotá – Cuenta corriente: 346 00026-8
Bancolombia – Cuenta de ahorros: 836 00000-370

La institución pide además que quien haga una transferencia lo informe a Funmúsica, para facilitar su identificación. Por seguridad, conviene confirmar los datos bancarios a través de los canales oficiales antes de aportar.

Esto no es solo una colecta. Es también una manera de recordar algo que suele pasar después de cada gran desastre: las cifras nacionales terminan tapando las pequeñas tragedias locales. Una vivienda destruida puede convertirse en una estadística. Una vereda puede quedar reducida a un nombre dentro de un informe. Pero detrás de cada número hay alguien buscando dónde dormir esa noche, ya sea en El Pajar, en Casita del Bosque, en La Paz o en Las Delicias.

En estas cuatro comunidades todavía hay familias intentando reconstruir lo que la tierra destruyó en segundos. Y desde Funmúsica, la misma organización que durante décadas ha trabajado para que Colombia no olvide sus bambucos, sus pasillos, sus tiples y sus voces, ahora intenta que el país tampoco olvide a esas pequeñas comunidades escondidas entre las montañas del Valle del Cauca.

Porque la música también puede servir para eso: para hacer visible al que está lejos, para reunir a quienes pueden ayudar y, cuando todo parece haberse venido al suelo, para recordar que todavía quedan manos capaces de volver a levantarlo.

Para mas información puedes comunicarte al celular +57 315 495 2697
Ó al correo electrónico: comunicaciones@funmusica.org
P llevar su aporte a la a la Avenida 4 Norte No. 36N-36

 

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