Ancizar Castrillón Santa

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Ancizar Castrillon Santa

El compositor, autor y cantautor Ancízar Castrillón Santa es una de las figuras más prolíficas y representativas de la música andina colombiana contemporánea. Nació en Armenia, Quindío, el 15 de octubre de 1953, en el corazón del Eje Cafetero, una región cuya identidad cultural, paisajes y tradiciones han sido una fuente permanente de inspiración para su obra musical. A lo largo de más de cinco décadas de actividad creativa ha construido un vasto repertorio que supera las 700 composiciones, muchas de ellas interpretadas en festivales, conciertos y grabaciones dentro y fuera del país.

Su historia artística comenzó en el seno de una familia donde la música ocupaba un lugar importante en la vida cotidiana. Desde niño estuvo rodeado de canciones y reuniones familiares en las que sus padres y hermanas entonaban melodías populares, creando un ambiente que despertó tempranamente su sensibilidad musical. Su padre tocaba instrumentos como el tiple y el clarinete, mientras que su madre poseía una voz melodiosa que amenizaba los momentos de descanso en el hogar. Estas experiencias domésticas sembraron en él la semilla de la música y la poesía, dos lenguajes que más tarde definirían su vocación artística.

Aunque no culminó sus estudios de secundaria, su inquietud intelectual lo llevó a desarrollar una intensa relación con la lectura y la escritura. Desde muy joven se interesó por la literatura y comenzó a escribir cuentos cortos, ensayos y artículos que fueron publicados en revistas y periódicos estudiantiles de su ciudad natal. Aquella temprana inclinación por la palabra escrita fue transformándose poco a poco en poesía y verso, elementos que terminarían integrándose naturalmente en sus canciones.

Durante su etapa escolar ya se destacaba como animador cultural en los eventos de su escuela y su barrio. Participaba en actos cívicos, festivales escolares y reuniones comunitarias, interpretando canciones y compartiendo sus primeras composiciones. Esta actividad temprana le permitió adquirir experiencia escénica y consolidar una sensibilidad artística que más adelante se convertiría en su principal herramienta de expresión.

El inicio formal de su carrera como compositor puede situarse en 1971, cuando escribió su primera canción, el bambuco “Sin saber que nos queremos”, inspirado en una historia de amor juvenil. Curiosamente, esta obra nació inicialmente como un bolero, lo cual refleja la diversidad de influencias musicales que marcaron sus primeros años creativos. En esa época el joven compositor exploraba distintos géneros populares como la balada, el bolero, la música tropical y la canción social, sin imaginar que con el tiempo terminaría convirtiéndose en uno de los autores más importantes de la música andina colombiana.

En busca de nuevas oportunidades y experiencias, Ancízar emprendió un recorrido por diversas ciudades colombianas como Viterbo, Cali, Bogotá y Barranquilla. En esta última ciudad tuvo una experiencia significativa al participar como aficionado en el Show de Esthercita Forero, un programa musical transmitido por la emisora La Voz de la Patria. Allí conoció al maestro Jorge Araque, exintegrante de la orquesta del legendario compositor Lucho Bermúdez. Araque lo invitó a formar parte de su agrupación como corista y eventualmente como solista, brindándole la oportunidad de presentarse en diferentes escenarios.

Durante su estancia en Barranquilla también tuvo contacto con la música de grandes orquestas tropicales. Tras un receso con la agrupación de Araque comenzó a asistir a los ensayos de la orquesta del reconocido compositor Pacho Galán, creador del merecumbé. Con el tiempo tuvo la oportunidad de interpretar boleros en varias presentaciones oficiales durante aproximadamente dos años. Estas experiencias enriquecieron su formación musical y ampliaron su perspectiva artística.

Entre sus primeras composiciones interpretadas por orquestas se encuentran el porro “Armenia, Armenia” y el danzón “Playero triste”, obras que contaron con arreglos de Jorge Araque y del maestro Armando Galán Gravina, respectivamente. Estas piezas evidencian su versatilidad como compositor y su capacidad para explorar distintos estilos dentro de la música popular.

En 1976 tomó una decisión que marcaría profundamente su vida y su obra: viajar a Venezuela, donde se radicó durante varios años en la ciudad de Mérida. Aquella etapa representó un punto de inflexión en su carrera artística. La distancia de su tierra natal despertó en él una profunda nostalgia por el paisaje cafetero y por las tradiciones culturales de Colombia. Fue precisamente ese sentimiento de añoranza el que lo llevó a descubrir el verdadero valor de la música andina colombiana.

Durante su permanencia en Venezuela comenzaron a surgir algunas de las canciones más representativas de su repertorio, entre ellas los pasillos “Lo bueno de mi tierra”, “Cuyabro” y “Pedacito de cielo”, obras que evocan con sensibilidad el paisaje, la identidad y la memoria del Quindío. Estas composiciones marcaron el inicio de una nueva etapa creativa en la que el bambuco, el pasillo y otros ritmos andinos se convertirían en el eje central de su producción musical.

Después de permanecer cerca de catorce años en el exterior, Ancízar regresó a Colombia hacia 1990 con la intención de consolidar su carrera artística. Sin embargo, el camino no fue fácil. El mundo musical del Quindío y del país resultaba difícil de penetrar para un compositor que aún no contaba con el respaldo de grandes grabaciones o producciones discográficas. A pesar de ello, continuó escribiendo con disciplina y convicción.

De esta etapa surgieron obras como “Bambuquero”, “Soy el café colombiano” y “Cuando se canta un bambuco”, canciones que reflejan su profundo amor por la cultura cafetera y la tradición musical de los Andes colombianos.

El verdadero reconocimiento llegó en 1991, cuando gracias a la mediación del maestro Hugo Moncada conoció a la gestora cultural María Teresa Mendoza, quien lo invitó a participar en una tertulia musical. Este encuentro abrió definitivamente las puertas del circuito de la música andina colombiana, permitiendo que sus composiciones comenzaran a ser interpretadas por destacados duetos, tríos y agrupaciones vocales del país.

Ese mismo año su obra “La guaca” alcanzó gran notoriedad al ser finalista en el Festival Mono Núñez, uno de los eventos más importantes de la música andina colombiana. Este logro marcó el inicio de una etapa de reconocimiento nacional para el compositor.

Desde entonces su música ha sido interpretada por numerosos artistas y agrupaciones, convirtiéndose en uno de los compositores más presentes en los repertorios de festivales y concursos de música andina. De hecho, se le reconoce como uno de los autores más interpretados dentro del género vocal andino colombiano.

A lo largo de su carrera ha recibido numerosos premios y distinciones en festivales nacionales de música andina, acumulando decenas de reconocimientos por mejor obra inédita. Su producción artística supera las 750 composiciones, muchas de ellas escritas en colaboración con destacados autores colombianos como Ernesto Riveros Ramírez, Fabio Augusto Hincapié, Fernando Salazar, Hugo Moncada, Mauricio Arroyave, Diana Alexandra Granados, Tobías Bastidas y Jaime Betancourt, entre otros.

Más allá de su obra musical, Ancízar Castrillón también ha desarrollado una actividad creativa paralela como escritor y artesano, oficio que ha ejercido como ebanista, lo que refleja su profunda relación con el trabajo manual y el arte en sus múltiples expresiones.

Hoy su nombre ocupa un lugar destacado dentro del panorama de la música tradicional colombiana. Sus canciones, inspiradas en la vida cotidiana, el amor, la nostalgia y el paisaje cafetero, constituyen un testimonio musical de la identidad cultural del país.

Con una trayectoria que supera medio siglo de creación ininterrumpida, Ancízar Castrillón Santa se ha consolidado como uno de los compositores más prolíficos y representativos de la música andina colombiana, un autor cuya obra continúa interpretándose en escenarios, festivales y grabaciones, manteniendo viva una tradición musical que forma parte esencial del patrimonio cultural de Colombia.

 

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