Bemoles
El Mono Núñez Cuarentón

Por: Gilberto Saa Navia

Cuarenta años de éxitos. Cuarenta años de buena música. Cuarenta años de la mejor escuela nacional de música andina colombiana. Cuarenta años de constancia, de trabajo silencioso de muchas personas, de afujías financieras, de sinsabores, combinados con épocas de grandes realizaciones. Y algo importante, años y años formando público especializado.

Pienso que los organizadores del Festival Mono Núñez, hubieran deseado preparar un programa acorde con la efemérides. Pero eso no estaba en sus manos. Estaba en las manos y las voces de quienes se inscriben cada año en la mayoría de los departamentos y en la pluma calificadora de los jurados, quienes dicen si o no a quienes desean estar en la noche del domingo, la noche de los mejores.

Sin embargo la muestra final de los diez mejores  resultó como escogida a propósito para el cumpleaños. Sin excepciones,   mostraron lo mejor de un país  de  regiones amantes  de  la  música  andina  colombiana.  Voces maravillosas   e   instrumentistas   consumados   llevaron   lo   mejor   de   su repertorio al coliseo de Ginebra.

Además,  ocurrió un fenómeno curioso en el orden de presentación de los conjuntos o solistas. La calidad interpretativa mejoraba a medida que avanzaba la noche. El caso de los grupos instrumentales resultó interesantísimo. En el tercer turno actuó “4 vientos” cuarteto de saxofones del Valle del Cauca, quienes superaron  su presentación de la noche del sábado con un programa mejor escogido y   arreglos que permitieron el lucimiento de todos. Pensé que serían serios candidatos al máximo trofeo. Después actuó el cuarteto de cuerdas “Becao” de Risaralda, que puso al público  de  pie  tras  sus  intervenciones,  desbancando  en  mi  puntaje  al anterior. Al final, el cuarteto Quijotadas del Valle, ofreció una magistral interpretación del bellísimo y contrastado pasillo Leonilde de Morales Pino, con un arreglo que destacaba la gran calidad y preparación de los intérpretes, sin atropellar la música en las partes rápidas y logrando una perfección casi poética en los contrastes lentos. Sin escuchar la segunda obra, el bambuco “Ojo al toro”, me imaginé que serían los ganadores, como en efecto sucedió. José Londoño, Andrés Guevara, Carlos González y Miguel A. Alvarez, demostraron que cuando se tiene vocación y se ama la profesión, no se necesita haber asistido a un gran conservatorio. Estos jóvenes han estudiado en el Instituto de Cultura Popular de Cali y fueron alumnos del maestro Diego Estrada.

La modalidad vocal, caracterizada por distintos tipos de intérpretes, dos solistas, un dueto y dos grupos uno con siete voces mixtas y el otro con tres voces femeninas, presentó para los jurados esa dificultad de comparación de participantes de diferentes conformaciones.

Opiniones divididas de los asistentes, hasta cuando aparecieron al final dos señores músicos que con voz de trueno en algunos momentos despertaron a quienes estaban adormilados después de la medianoche. Alfonso Ricardo al piano y Vladimir Ardila al tiple, lograron con sus inmejorables arreglos y con el matiz diverso de sus voces, facilitar la labor del jurado, que unánimemente tomó la decisión de declararlos triunfadores absolutos en la modalidad vocal, después de escuchar sus fascinantes interpretaciones del pasillo Romanza de amor y el torbellino Mi dulce media naranja.

Vaya una congratulación no solo a los organizadores, sino a la ciudadanía de Ginebra, por mantener vivo el más importante encuentro de tiples, bandolas y guitarras de este hermoso país.

 

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