Rodrígo García de la Rosa

Autor, Compositor - Intérprete

 

Ocaña - Norte de Santader

 

 

 

 

 

Nació el 21 de junio de 1.940 en el hogar del entonces alcalde de la ciudad de Ocaña, departamento del Norte de Santander, señor RAFAEL GARCÍA NÚÑEZ y su esposa OFELIA DE LA ROSA QUINTERO.

Su mas tierna infancia se vio ensombrecida por una epidemia de poliomielitis, enfermedad poco conocida que diezmó o lesionó a casi todos los niños de su barrio, desde entonces aprendió a luchar como un verdadero sobreviviente, y adquirió como él mismo lo decía graciosamente, su manera “sagaz” de caminar. Estudió su primaria en el Instituto Caro, cuna de próceres y comenzó su bachillerato en la Escuela Industrial.

Fue en ese entonces cuando estalló la absurda guerra de la violencia política en Colombia, su familia perdió tierras, sembrados, reses y caballos.

Desplazado, separado de su familia y de sus incipientes amores, sólo, viajó a Barranquilla, en donde tuvo que madurar a la fuerza.

Sintió entonces la necesidad de comunicarse con un idioma nuevo, aprendió a tocar la guitarra solo y de una manera empírica, pero constante y tesonera como la hacen los verdaderos artistas, y aprendió cada día 10 palabras nuevas en el diccionario, hasta hacerse un maestro de la palabra, pero la poesía la llevaba por dentro en su búsqueda del amor y del hogar perdidos y de Sunilda “la novia niña y buena que dio en su amor matinal, un beso que a duras penas, llegó a pecado venial”.

Nacieron entonces temas como “El gamín”, que interpretó bellamente Nemesio en uno de sus discos y “Arpegios” con la que se presentaba así mismo al mundo y que ahora cantan los tríos de su tierra “Poeta y músico traigo, amor brío montañero, guitarra y canciones que hablan de mi folklore Ocañero”. Su pasión por los caballos, que admiraba por su nobleza, su porte y paso perfecto, quedaron plasmados en sus obras como “Mi alazán”, “Caballo de paso fino” y “Chalanerías”.

Tenían sus canciones en ritmos colombianos nostalgias campesinas pero también modernos recursos citadinos. Por eso se dice que sacó la música colombiana de los alpargates y las trenzas, para trasladarla al conflicto y a la contradicción de las ciudades. Su música representa una filosofía de valores positivos que darán base a los colombianos para la transición del nuevo milenio, escribió para el nuevo siglo basado en su propia experiencia de desplazado, el que encontró la paz, el amor, y el hogar perdidos, en el amor, la amistad, y la cultura de puertas y brazos abiertos, que le brindaron los vallecaucanos; en ese perdón incondicional que entendió y entregó, se afianzó su patrimonio poético que está descrito en canciones como “Se acabaron los balcones”, “Vieja casa de campo”, “Campesino Campesino”, y “Se le acabaron los años” en honor a su padre.

En su maravillosa capacidad de regeneración después del sufrimiento compuso canciones llenas de fe como “No vale recordar” ó “Volver a empezar”, fuerza ésta que puesta en forma poética le da espacios musicales a un país en reconstrucción, como el nuestro.

A veces, como todos los pioneros, sentía que sus mensajes no eran comprendidos, dejó entonces algunas canciones de protesta como “Me he quedado atrás”, una sátira, en ritmo de bambuco, que aún sigue vigente como el primer día.

Por las épocas del conflicto moderno de la liberación femenina, asumió las banderas de la igualdad femenina y compuso canciones como “No te luce”, “Cali mujer”, “Llegas a deshoras”, “Ya soy una mujer”, pues comprendió con dolor, que la violencia hacia la mujer, es un proceso cultural, reversible solo a través de la toma de conciencia, tanto en los hombres como en las mismas mujeres.

La música y la poesía de GARCIA DE LA ROSA, no son fáciles, son profundas, y obligan a pensar, quizá por eso se dice que escribió con estilo futurista, y su entendimiento cuajó más, entre los estratos culturalmente mas estructurados, por eso es mas recordado por el público por su extraordinaria 2ª. Voz en el dueto de MARIAVE Y RODRIGO, en donde manejaba magistralmente los contrastes por 3as., y 6as., con movimientos paralelos, contrarios y en contrapunto, variedad que enriquecía su música formando un arco iris musical, como decían sus amigos “Cantaban en colores”.

Fue el director musical de la carrera artística de MARIAVE como cantante, por allá en el año 1.977, en donde el bichito de la música y el espectáculo lo llamaron con tal fuerza, que tuvo que dejar su oficio como visitador médico y su brillante historia como gerente organizador, en empresas tan diversas como Indufrial Refrigeración en la costa, ó la casa disquera “Discolombia” en Bogotá con el maestro ALVARO DALMAR, que enlazaba Colombia y Venezuela y  como vendedor de textiles para El Cedro de Cali, y se entregó entonces de lleno a la música; Guitarra, luces y . . . . su primer Piano Bar (llegaron a ser 5 en total).

Su calidad como amigo, su carisma, y su gracia, les abrieron las puertas; desfilaron por su casa todas las celebridades musicales del momento, Fausto, Isadora, Jaime Dálberto, Oscar Golden, Mariluz, Alberto Osorio, Lucho Ramírez, Helenita Vargas, Papeto Cucalón, Lucho Agudelo, Las Abuelas, Luis Angel Mera Jr., Francesco. . . . .y nacieron así las mas lindas baladas, boleros y bambucos, entre los años 70´s a 80´s; canciones que fueron interpretadas y grabadas por sus amigos; se recuerda a Helenita Vargas en su “Paso lento” y su sacudida de mechón característica, o a Eduardo Rizo Gil “Tu y yo solos mi alazán”, Silva y Villalba con quienes compartieron escenario por varios meses, ó Darío Tobón el textilero cantante que lo acercó al corazón de Medellín, ó Beatriz Arellano que grabó “Síndrome Llanero” y otros pasajes en su disco dedicado al llano, Otero y Renjifo y El cuarteto andino del Ocañero Hugo Guerrero con su canción “Ausencia”, Diego Estrada, instrumental para bandola “Saltarín” y por supuesto Mariavé.

También fueron escogidas sus canciones por celebridades como Zoraida Salazar, quien interpretó magistralmente “Llegas a deshoras”, y hasta el rincón de Guadalupe de Esperanza Mejía, que acogió entre otras canciones “Cabalgando tu recuerdo”, para sus noches de bohemia.

Por esa época entre el 70 y el 80, nacieron también además de sus canciones sus dos hijos JORGE EDUARDO y RODRIGO, ambos heredaron su talento, y se hicieron músicos, ellos sí, de profundos estudios en los Conservatorios y universidades de Colombia y Europa, especialmente Austria, que los acogió como propios durante varios años.

Compuso, dirigió e hizo arreglos para diferentes modalidades de orquesta, desde el básico cuarteto, hasta la complejidad de una Sinfónica, aunque fue un autodidacta musical, recibía la discreta asesoría de su maestro pianista Hernando Artuz, hasta que un día el mismo Artuz, al pensar que a veces el alumno supera al maestro llamó a Mariavé y le dijo : amiga, has perdido un arreglista . . . . porque has ganado otro mejor. Cuando el maestro Artuz partió, RODRIGO siguió componiendo, pero ahora con el apoyo musical de sus propios hijos. El mayor JORGE EDUARDO, a quien esperaba ansioso cuando regresaba por sus vacaciones de sus estudios de piano y órgano en Europa, para rescribir sus obras; entre tanto se enriquecía con la musicalidad de su otro hijo RODRIGO, con quien investigaba sobre ritmos latinos y del pacífico, música folklórica y Jazz.

Lo conocían y buscaban su asesoría, maestros de la música como Mario Gareña o Graciela Arango de Tobón, ó su gran amigo el Chinche Ulloa.

Su talento era tal, que sucedió en una noche de navidad en el año 1981, en el hotel de Puerto Galeón en Santa Marta y ante la mirada divertida de Esteban Cabezas “el de la Negra Grande de Colombia”, que compuso para esa sola noche su ópera en Currulao y Bambuco Viejo con Villancicos como “Ha nacido el Niño”,  y otros Alabaos y Sanjuanitos del Pacífico; música ésta llena de alegría y fusión de razas, que evocan nuestras raíces indígenas y nuestro poder ancestral.

A comienzos de la década de los 80´s, se realizó en Popayán un encuentro de compositores e interpretes auspiciado por los grandes ingenios, pero cuyos ganadores eran escogidos por el público y los periodistas; asistieron a el todos los grandes : Jorge Villamil, José Alejandro Morales, Arnulfo Briceño, Lucho Bermúdez, Graciela Arango de Tobón, Matilde del Valle, entre otros. Para sorpresa de él mismo fueron los ganadores y nació allí una gran amistad que los llevó luego a grabar varios discos con empresas tales como “Sonolux”, “Codiscos” y por último “Fonoson”, con  el jefe Rito Galvis a quien  Jorge Villamil los presentó diciendo : “Maestro, si estos dos no levantan la música colombiana, estamos fritos, porque él compone tan bien como yo, pero además ellos cantan, y la esposa es más bonita que uno”. Con esa recomendación, por supuesto, el disco se grabó y fue un éxito, por mas de tres años se mantuvieron sus canciones en las listas de éxitos de las radiodifusoras, canciones como “El negocio del amor” bambuco en idioma estrictamente comercial, que describe en metáfora mejor que el idioma romántico, las pasiones que nos aquejan a los enamorados.

Las programadoras de televisión abrieron sus espacios a la música colombiana y Eucario Bermúdez junto con Juan Harvey Caicedo, abrieron y cerraron con ellos por 4 años su programa Los Maestros, en televisión nacional; también grabaron programas especiales con Jorge Baron, con Jimmy Salcedo y su Onda Tres, con Julio Sánchez Vanegas y con Pacheco, recorrieron así casi todos los escenarios del país, plazas de toros, coliseos y teatros; sintieron a su Patria con orgullo de Colombianos, pero los múltiples y complejos problemas de salud los obligaron a regresar a la patria chica y a vivir en una pequeña finquita en el kilómetro 26 de la carretera al mar, allí en la soledad y el recogimiento del clima frío junto a una enorme jarra de café y mucho paisaje nacieron tal vez los más hermosos poemas en ritmos colombianos, “El Ciruelo” dedicado a su amigo Luis Eduardo y a sus propios hijos músicos como él, ”Florecer, ese es tu vicio para adornar el camino, son los gajes de este oficio”,  “Campesino Campesino”, “Ya se fueron los abuelos”.

“Los Balcones” y “Vieja casa de campo”; se formaron allí maravillosas tertulias llenas de amigos, cantantes y músicos, en donde se decía : 
“Saquen sus palos muchachos, que aquí el que menos corre, vuela”; empezaba entonces la música en retreta que no se contaba por horas, sino por fechas inolvidables.

El dueto, la guitarra, a la que le imprimía el entusiasmo con sus famosos “bajos García”, el desfile permanente de tantos amigos músicos y cantantes, y luego los pianos de sus hijos, hicieron de su casa un verdadero conservatorio en donde se cultivaba la buena música, el arte y la poesía, sin embargo le faltaba todavía una más profunda introspección. Esta vino cuando se quedaron solos por el viaje de sus hijos para estudiar en Europa.

Llegó entonces el infarto, terrible episodio de muerte y resurrección. Dotado como era,  de un estupendo sentido del humor, a veces (negro humor), hacía de sus vivencias, motivos de sus canciones y fue así como a finales del año 95, siguiendo la sugerencia de sus amigos compuso “Viaje Redondo” para pedir entre risas y susto “un tiempito extra al divino fabricante”.

Esta experiencia y muchas otras reflexiones le hicieron comprender que somos mucho más que esta frágil y maleable materia humana; así que escribió los versos más sublimes en una misa de Acción de Gracias en ritmos colombianos, estas hermosas plegarias, dichas entre bambucos, bundes, y pasillos, son ahora nuestro patrimonio.

Fue elegido como representante de SAYCO por el valle, y fue asesor e impulsor de ésta institución, fomentó y abogó para que los Derechos de Autor tuvieran como objetivo básico, una función de previsión social para proteger a todos los compositores.

Fue RODRIGO GARCIA un maestro de maestros “talla de roble en la lucha y de hidalgo en la amistad”, nos dejó como herencia sus poemas y sonetos, 52 canciones en diferentes ritmos, varias obras instrumentales, una misa de Acción de Gracias completa y dos novelas aún inéditas.

Murió el 4 de noviembre de 1.999 en la ciudad de Cali, pidió que sus cenizas y sus obras quedaran allí, pues según sus propias palabras, sus canciones “ya fueron pagadas,  si lograron la sonrisa o la lágrima en el rostro de sus amigos”.

           “Salúdame a los abuelos, que ahora el de turno soy Yo”

 
 
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