Continuación Historia

 

Fecha de celebración

 

En la actualidad el Festival se realiza utilizando el último puente festivo de mayo o el primer puente festivo de junio.

 

Evolución del Festival

 

En 1975 el festival se inició como una actividad municipal, a la cual fueron invitadas importantes figuras de la música andina colombiana en calidad de jurados y en la parte de concursantes tuvieron cabida profesionales de música, profesionales de otras disciplinas aficionados a la música, campesinos, indígenas y en general todo aquel que se “sintiera” buen intérprete de la música andina colombiana, en aquel tiempo denominada vernácula.

 

El prestigio del concurso fue creciendo y pasó de ser regional a recibir representantes de todos los departamentos andinos de Colombia. En esos primeros años se asignaban cuotas por departamento, de tal manera que hubiera representación de todos ellos, lo cual iba en detrimento del nivel de calidad, pues muchas veces quedaban por fuera de la cuota excelentes intérpretes, que dejaban su puesto a otros no tan buenos, en otra región.

 

El crecimiento del Mono Núñez y el nacimiento de otros concursos estimularon la participación de los académicos que poco a poco fueron desplazando a los empíricos hasta el punto de que la actualidad todos los concursantes son estudiantes o graduados de las principales facultades y academias de música de nuestro país. Esto hace realidad el hecho de que la gran mayoría de los concursantes sean personas de menos de 30 años de edad y muchos de ellos apenas cumplan con el requisito de la edad mínima que es 16 años.

 

En el año de 1976 se creó la Fundación para seguir organizando el concurso. En 1978 la Junta Directiva creó como máximo reconocimiento al ganador del concurso el “Gran Premio Mono Núñez”.

 

Los cuatro  primeros eventos (1974, 1975, 1977,1978) fueron realizados en el aula máxima del Colegio La Inmaculada, que rápidamente fue insuficiente y se salió de las manos de sus organizadoras, por lo cual en 1979 se cambió de escenario, al Teatro San Jorge, en el parque principal del municipio; en este escenario permaneció el concurso hasta 1980, año en el cual el concurso dio paso a un escenario para 2.000 personas con la adaptación de un coliseo deportivo acondicionado para actividades culturales, donde se desarrolló sin sobresaltos hasta 1986, año en el cual se presentó un incidente digno de narrar:

 

El concurso seguía creciendo en prestigio nacional; llegaban a Ginebra visitantes de muchas partes del país y se encontraban con la sorpresa de no conseguir boletas para acceder al escenario. Fue así como un grupo de turistas esperó la salida del público de la última sesión eliminatoria y “se tomó por asalto” el coliseo con el argumento de que venían de muy lejos y no podían quedarse sin asistir al espectáculo. Hubo de intervenir la Junta Directiva y después de pacientes conversaciones con los protagonistas del incidente, explicándoles que había una boletería vendida y unos derechos adquiridos con anterioridad los cuales debían respetar, el coliseo fue desalojado pacíficamente y el concurso pudo seguir su curso normal.

 

Festival de la Plaza

 

Esta situación fue motivo de análisis y después de evaluar diferentes posibilidades de ampliación del coliseo las cuales eran todas supremamente costosas, se optó por crear “El Festival de la Plaza” en un escenario al aire libre, el parque de la población, usando como tarima originalmente el atrio de la iglesia parroquial, hasta llegar a una amplia tarima donde se realizaban tres grandiosos conciertos de aproximadamente diez horas de duración, viernes, sábado y domingo de festival.

 

La creación de este nuevo espacio, sin bien lesionó en algo la taquilla, abrió las puertas a la presencia masiva del público, pues la plaza ha reunido aproximadamente 10.000 personas por noche y en ella se han presentado no solamente los artistas del concurso, sino invitados especiales como Jorge Velosa, La Orquesta Sinfónica Departamental del Valle del Cauca, La Banda Sinfónica de Bellas Artes, La Orquesta Colombiana de Instrumentos Andinos y muchísimas otras agrupaciones colombianas.

 

Encuentro Infantil

 

Por muchos años el Festival de la Plaza se abrió con una franja infantil a partir de las 3 de la tarde, pero en 2005 se decidió crear el Encuentro Infantil que posteriormente se denominó Mateo Ibarra en homenaje a un niño, alumno de la escuela de la música fallecido a los 8 años de edad. En el encuentro participan niños ganadores de diferentes concursos del país como La Abeja de Oro en Cali, El Cuyabrito de Oro en Armenia, El Cacique Tundama en Duitama, Boyacá.

 

Por algunos años este encuentro se realizó en un lote situado en la sede de Funmúsica en Ginebra que estaba constituida por dos casas vecinas, donde funciona la escuela de música. Estas casas fueron vendidas a Canto por la Vida, entidad que en 2012 realizó en dicho lote una ampliación de su planta física, por lo cual fue necesario trasladar la tarima del encuentro infantil al parque de la música; donde empezó a realizarse el encuentro a partir de la versión 38 del Mono Núñez.

 

Retomando la evolución del concurso, con la llegada de jóvenes intérpretes empezaron a aparecer nuevas temáticas y fusiones; esto dio origen a la creación del premio “Mono Núñez” de Nueva Expresión y premio “Mono Núñez” Tradicional.

 

En la medida en que más académicos llegaban al concurso se hacía más fuerte la presencia de grupos instrumentales pues era mayor la dedicación de los estudiantes al manejo instrumental que a la técnica vocal.

 

En el Festival 21º, el concurso sufrió un drástico cambio impulsado por el maestro Gustavo Adolfo Renjifo, en el sentido de que dejó de llamarse “Concurso de Intérpretes de Música Andina Colombiana” y pasó a llamarse “Concurso de Programas Musicales”, el cual consistía en que los concursantes debían interpretar un máximo de tres obras de música andina colombiana con alguna ligazón en temática. Fue así como surgieron programas como “Migajitas”, humorístico con pinceladas de erotismo y critica política; “Esto me lo Contó un Tiple”, con obras todas dedicadas a nuestro instrumento insignia; “Cantos al Galeras”, etc.

 

Esto trajo como consecuencia la presentación de gran cantidad de obras inéditas, pues quien cumplía literalmente las bases del concurso debía construir un programa que cumpliera a cabalidad con el requisito de la unidad temática; sin embargo, muchos de los aspirantes no tenían la aptitud de compositores y optaban por una de dos alternativas: Alejarse del concurso o buscar en el repertorio nacional obras que tuvieran alguna similitud en cuanto a la temática, por ejemplo, obras dedicadas a la conquista amorosa, “La Picaresca Colombiana en las Peticiones de Amor” programa con el cual “Los Hermanos López” ganaron el “Gran Premio Mono Núñez” en el 23º festival, u obras dedicadas al tiple, la guitarra o a los gentilicios femeninos.

 

Este proyecto cumplió su ciclo en 1997 y al año siguiente se aprobó que los artistas inscribieran un repertorio libre, sin unidad temática, tradicional o de nueva expresión, en fin, aquel con el cual el artista se sintiera más a gusto. De esta manera el concurso volvió a ser de Intérpretes de música andina colombiana.

 

Simultáneamente, y al analizar que los grupos instrumentales estaban copando casi todas las posibilidades de clasificación para la noche final, la Junta Directiva decidió abrir el Mono Núñez en dos concursos paralelos: “El Gran Premio Mono Núñez” vocal y el “Gran Premio Mono Núñez” instrumental, con igual cantidad de artistas concursantes para ambas modalidades, 12 y 12, clasificando para la final 4 de cada modalidad; igualmente se decidió eliminar el criterio de cuotas por regional y desde esa época se viene utilizando como único criterio para llegar a Ginebra,  el concepto de calidad, pues las audiciones de todo el país se graban en las mejores condiciones de audio y video y se escuchan en una gran plenaria en Ginebra o Cali, donde se establece un escalafón por méritos, clasificando los mejores sin importar que una regional se quede sin representación o que otra tenga gran cantidad de clasificados.

 

Los artistas se presentan en tres noches eliminatorias, jueves, viernes y sábado, y una gran final el domingo.

 

Ante la poca asistencia de público el día jueves, en el año 2000 el concurso se realizó en tres días, pero quienes venían de departamentos lejanos reclamaban que hacía falta el día suprimido con el argumento de “ayer empezó y mañana ya se acaba”, por lo cual se retomó el formato de 4 días pues además el acortarlo, restaba oportunidad de clasificación a algunos grupos, debido a que fue necesario hacerlo con sólo 20 participantes.

 

A partir del año 2001, efectuando algunos ajustes a la programación, se aumentó el grupo de clasificados a 14 por modalidad, para un total de 28, con una final de 5 vocales y 5 instrumentales.

 

Con este formato se llegó hasta el concurso número 29 sin lograr un incremento significativo en la presencia de público el jueves, a pesar de programar ese día los concursantes con mejores calificaciones.

 

Por este motivo la Fundación, al celebrar los 30 años del concurso en 2004, decidió realizar la jornada inaugural en la ciudad de Cali, buscando facilitar la asistencia masiva de público de esa ciudad.

 

La experiencia tuvo un éxito rotundo, pues de 400 personas que asistían en Ginebra, se pasó a más de 2000 en la velada de Cali; simultáneamente se experimentó con la creación de un gran concierto el sábado en la tarde, en Ginebra, concierto este fuera de abono, con el fin de invitar nuevos públicos de la música colombiana, que por cualquier circunstancia no están en condiciones de trasladarse a Ginebra durante tres o cuatro días.

 

Estas dos estrategias permitieron prácticamente duplicar la taquilla y llevar al concurso, con otras estrategias, a un camino hacia la autosostenibilidad.

 

Sin embargo, nuevamente los visitantes y abonados de otros departamentos, hicieron valer su voz en el sentido de que era muy difícil la logística de llegar a Ginebra, alojarse, salir a Cali para la sesión del jueves y regresar a las horas de la madrugada; por lo cual desde 2004 regresamos a Ginebra con la convicción de que nuestra presencia en Cali durante 3 años cumplió con el objetivo de creación de nuevos públicos.


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